Por Amadeo y Paz
Una de las grandes ventajas de
haber sido legionario o consagrada es haber conocido a muchas personas de
diversas nacionalidades.
Por un lado, hay quienes han
tenido la necesidad de aprender otros idiomas, por ejemplo, todos los de habla
inglesa han tenido que aprender español y quienes han estudiado en Roma el
Italiano. Quienes han realizado sus prácticas en Brasil conocen ya el Portugués.
No podemos dejar de mencionar que muchos saben Latín y hasta Griego antiguo.
Pero por otro lado la dinámica
lingüística no se detiene a la simple expresión oral o escrita, se extiende a
la convivencia cotidiana con las personas. Mexicanos, españoles, italianos,
americanos, irlandeses, brasileños, chiles, argentinos y de tantos otros países
han aportado una riqueza adicional para cada
miembro que de otro modo hubiera sido muy difícil de obtener.
Por si fuera poco, además de
conocer otros idiomas y a personas de tan diversos lugares, muchos han tenido
la fortuna de viajar a otras tierras. Así, lo menos que cada miembro ha hecho
es trasladarse a los centros vocacionales que por lo regular se encuentran en
diversas ciudades.
Quienes han radicado en países
extranjeros pueden valorar mejor la naturaleza de cada país, la gastronomía,
las costumbres y también muchos lugares turísticos como puede ser la
Universidad de Salamanca en España, la Plaza de San Pedro en Roma, el monumento
de Cristo en Río de Janeiro o la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de
México.
Pasados los meses y los años de
haber salido de este mundo podría empolvarse el grato recuerdo de estas
experiencias, sin embargo, desde nuestro punto de vista, es necesario recordar
que haber sido legionario o consagrada ha traído también aprendizajes paralelos
de los que casi nadie ha tenido oportunidad aunque haya viajado mucho.
Fotografía: Mauricio Rosales

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